Londres.
Londres siempre ha sido más una idea que un lugar.
Años enamorada, de esa luz que no deprime, envuelve. Y de la sensación constante de que en cualquier momento puede pasar algo mágico.
Pero cuando fui con mi hija no esperaba que ella me lo devolviera entero.
Estábamos en el último autobús del día. En el piso de arriba, su lugar favorito desde que llegamos. Ella dormida, apoyada en mí. La lluvia en los cristales. Las luces pasando despacio.
No hice ninguna foto.
Hay momentos que no necesitas guardar porque ya sabes que se han quedado de otra manera.
Volver a un sitio que te gusta con alguien que lo ve por primera vez es raro. Ves lo que ella ve pero sobre todo, recuperas cosas que tú ya no veías. No sé muy bien cómo explicarlo o porqué pasa. Pero pasa.
Así que aunque, Londres seguía siendo Londres, esa noche, en ese autobús, era más.