Miedo.

Hay una versión de mí que durante años ha estado convencida de que no iba a poder.

Con cosas grandes. Con cosas pequeñas. Con decisiones que parecen irreversibles y con otras que no le importan a nadie más que a mí.

Y aun así.

Llevo también años comprobando que se equivoca casi siempre. No porque las cosas salgan bien necesariamente, sino porque puedo con más de lo que creo cuando estoy dentro del miedo.

Lo he aprendido de la única manera que se aprende esto: haciéndolo igual.

El miedo no desaparece antes. Desaparece, si desaparece, después.

Eso nadie te lo dice.